¿Dónde están los sindicatos?

por Irene Giménez Lozano

La industria del calzado, como muchas otras, siempre ha contado con una pieza fundamental en su maquinaria: el movimiento sindical. Fuerte y reivindicativo desde sus inicios, el movimiento cobra especial fuerza en ciudades como Elda.

Ante la más que delicada situación actual, muchos se preguntan dónde están aquellos que un día salieron a la calle para reivindicar sus derechos. ¿Cuál es el mal que adolece a los sindicatos?

La relevancia del movimiento en la historia de la humanidad es indudable, como también lo es la especial importancia que adquiere en sectores industriales como el del calzado. No obstante, el paso del tiempo ha adormecido y aletargado a estas agrupaciones. Falta de interés, poca iniciativa hacia la movilización o escasez de arraigo entre los jóvenes son algunas de las justificaciones dadas con el fin de comprender la situación actual. Las ocupaciones y finalidades del sindicato como organismo se diluyen en el debate. Los que ahora parecen invisibles para muchos, hace años tomaban la calle para reivindicar aquello que consideraban justo y necesario.

Manifestación por el Pacto del Calzado / CEFIRE Elda

Origen

Las primeras agrupaciones obreras tienen su origen alrededor de 1830, en Inglaterra. Con motivo del desarrollo industrial, los trabajadores europeos desarrollaron este tipo de asociacionismo laboral para reivindicar sus derechos ante la figura del nuevo empresario.

La irrupción de la industria del calzado en Elda a mediados del siglo XIX conlleva la construcción de una nueva estructura social en la que dos grupos diferenciados trabajan conjuntamente: el empresario y el obrero. “En estos años se puede hablar de una auténtica clase obrera en Elda”, cuenta el Doctor en Geografía e Historia y profesor titular del Departamento de Geografía Humana de la Universidad de Alicante, José Ramón Valero Escandell.

Una clase obrera que durante los años posteriores cobrará una importancia fundamental no solo en la industria, también en la sociedad eldense. Esta importancia se hace patente en la gestión de la producción por parte de los sindicatos durante la Guerra Civil española.

Taller de calzado de Silvestre Hernández Poveda. 1894 / CEFIRE Elda

Anarquismo

Si bien en un principio “buena parte de los obreros eran decididamente partidarios de las ideologías burguesas más progresistas, a finales de siglo ya había hecho acto de presencia en Elda la ideología anarquista”, cuenta Valero Escandell. Esta ideología sería “la más arraigada entre los zapateros del primer tercio del siglo XX”.

El germen del anarquismo se mantuvo sosegado hasta la etapa comprendida entre 1910 y 1939. Fue esta una época convulsa y fuertemente reivindicativa: “La radicalización social existente en la industria del calzado no puede explicarse si no se analiza el marcado predominio que la ideología anarquista mantuvo entre la clase obrera eldense, especialmente entre los zapateros”.

La relevancia del movimiento se contempla a través de las cifras que ilustran la labor del Sindicato Ùnico del Ramo de la Piel, de corte anarquista: en 1919 contaba con más de 3.000 afiliados y representaba a la práctica totalidad de los zapateros eldenses. Valero Escandell recuerda que “el Sindicato había conseguido alrededor de 1915 que el salario de las aparadoras eldenses doblara al de las ilicitanas”.

Pese a la represión sufrida por los sindicatos de carácter anarquista a manos del régimen de Primo de Rivera, tras su caída y pese al nacimiento de sindicatos socialistas, el anarquismo sindical fue “la principal fuerza canalizadora de las reivindicaciones populares”.

Reivindicaciones

La afluencia y recurrencia de huelgas en espacios de tiempo muy cortos son una muestra del elevado espíritu inconformista de la sociedad eldense. Tal era su viveza que “el teórico Moreno Sáez cita a Elda como la localidad alicantina en la que se producen los conflictos más importantes en los años previos a la proclamación de la República”, cuenta Valero Escandell en el libro ‘Elda 1832-1980, Industria del calzado y transformación social’, del que es coautor.

Para analizar el objeto de las reivindicaciones que ocupaban a los trabajadores del calzado eldense, el periodista y cronista oficial de la ciudad de Elda, Alberto Navarro Pastor, recoge también en este libro los episodios huelguísticos de la ciudad: “En aquellos tiempos, el ritmo de fabricación era frecuentemente alterado por huelgas parciales o generales fruto de los motivos más diversos. La declarada en junio de 1915 hacía referencia a la oposición al nuevo horario de entrega del trabajo hecho en casa y de corte. Horario que querían imponer la mayoría de fabricantes”.

Muchas de estas reivindicaciones  y las situaciones vividas por los empleados en el ámbito de trabajo tienen similitud con la situación actual: “En octubre de 1919 se implantó en todo el territorio español la jornada de ocho horas como máxima diaria legal, encontrando esta ley la oposición de la mayoría de los patronos. Los fabricantes encontraron la manera de continuar con el antiguo sistema de los destajos, trabajos a domicilio y horas extraordinarias, lo que hizo prácticamente inútil en nuestra industria la concesión de la tan solicitada por los obreros ‘jornada de ocho horas”, recuerda Navarro Pastor.

Por otro lado, Valero Escandell pone el énfasis en una problemática que hoy día sigue vigente: “La mayor parte de las mujeres, al trabajar en casa, en ocasiones para varias empresas y a veces solamente durante algunas horas, eran remuneradas por número de pares realizados”.

Trabajadores y aprendices de una fábrica de calzado. 1921 / CEFIRE Elda

Problemática

La vigencia de problemas con más de 70 años de antigüedad, entre los que se encuentra la economía sumergida, los convierte en males endémicos de la industria que el sistema ha sabido absorber y los convierte en un elemento establecido dentro de la estructura.

Años de lucha sindical y de posterior decadencia no han podido solucionar esta problemática.

La crisis por la que atraviesa el sector, la carga que suponen estos problemas tradicionales y la comparativa con tiempos pasados perfilan un sindicalismo débil dentro de la industria del calzado eldense.

Dónde reside el hándicap que impide al movimiento actuar de forma efectiva obedece a un análisis complejo y no exento de polémica. Ante tal cuestión, los sindicatos CCOO y UGT no han querido pronunciarse ante esta publicación.

Un punto de inflexión en la historia sindical lo constituye la aparición de la negociación colectiva, elemento muy socorrido en el sector del calzado y que ocupa desde hace años las páginas de los periódicos. Los autores David León Blanco y Juan Antonio Bengoechea recogen en el libro ‘El poder sindical en España’ qué ha supuesto esta nueva forma de entender el movimiento: “De entre los diversos instrumentos que los sindicatos utilizan para el ejercicio de su actividad, la negociación ha pasado a ser el de mayor importancia en la mayoría de los países del área socioeconómica en que se encuentra España”. Esta nueva vía de actuación deja a un lado la tradicional huelga que tantos quebraderos de cabeza ha dado al empresario y aboga por la conversación meditada. No obstante, este rechazo de la acción huelguística puede ser un arma de doble filo: “El peligro para los sindicatos que se han embarcado en este proceso negociador es que se distancien poco a poco de la base laboral y dejen el campo libre a otras iniciativas menos colaboracionistas”, apuntan León Blanco y Bengoechea en su obra. ¿Será este el origen del problema?

Por otro lado, la falta de confianza del trabajador en el sindicato se hace especialmente patente cuando se trata de obreros jóvenes. A través de la tesis doctoral ‘Jóvenes trabajadores y sindicalismo en España (Análisis de un desencuentro)’, elaborada por el profesor de la Universidad Complutense de Madrid, Antonio Antón Morón, se pueden entender varios aspectos relacionados con esta problemática. Consecuencia del análisis llevado a cabo, el profesor Antón Morón llega a una conclusión fundamental: “Existen vínculos débiles entre los sindicatos y los jóvenes trabajadores”.

“Los sindicatos, por un lado, mantienen un insuficiente arraigo entre los jóvenes trabajadores y la defensa efectiva de sus intereses tiene un papel secundario en sus políticas prácticas y, por otro lado, las estructuras sindicales realizan una acción de representación y negociación sobre algunos de los problemas más importantes de los jóvenes trabajadores –como la precariedad laboral- y conservan cierta credibilidad para su acción sindical”, explica Antón Morón.

No obstante, este “desencuentro es sólo relativo, como escaso encuentro, dada la fragilidad de sus vínculos y la debilidad de su identificación y pertenencia al sindicalismo”. De esta manera se pone en relevancia una problemática dentro de la estructura sindical actual y ante la cual Antón Morón determina una posible solución: “El sindicalismo no es una mera asociación instrumental de servicios. Para mantener su función representativa necesita articular y conectar con los nuevos procesos de identificación social. Esto lleva a explorar qué nuevas relaciones interpersonales se están produciendo en el ámbito sociolaboral, qué reajustes, adecuaciones y estrategias adoptan los nuevos sectores jóvenes y precarios y cuál es el nuevo tejido social para el sindicalismo”.

Renacer

En la misma línea argumentativa se desenvuelve Juan José Castillo, Catedrático de sociología en la Universidad Complutense de Madrid. No obstante, Castillo contempla el problema desde una perspectiva generalista que abarca a todo el sector obrero y que aboga por una reconversión total: “Si todo lo existente es una construcción social se puede deconstruir y construir de otra manera”. Castillo es consciente de que la ‘revolución’ que plantea es compleja pero necesaria: “Son muchos años empleados en montar un tipo de sociedad en la que el sindicato ha ido perdiendo protagonismo. Y eso no ha sido cuestión solo de los sindicalistas, sino también de unas políticas continuadas que daban por hecho que no se puede luchar contra lo inevitable. Que no se puede subir el salario mínimo o que hay que trabajar sin contrato porque es lo que hay. Por tanto, hay que construir unas relaciones sociales en las que eso sea inaceptable”.

Tras este planteamiento, ¿estamos ante el resurgir de un nuevo sindicalismo? Las dudas se ciernen sobre el futuro del movimiento, no obstante, lo que Castillo sí que tiene claro es el sistema de actuación que el sindicato ha de seguir: “Al sindicato no le queda más remedio que intervenir al principio de las políticas. Hay que ir a las causas primeras, participar, definir e influir en las políticas generales que construyen los sistemas de producción y la sociedad en su conjunto. Para mí, eso es el sindicalismo de clase. Es nuestra vida la que esta en juego”.

Leer ‘La edad dorada del sindicalismo eldense’

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