Zapato de batalla

por Irene Giménez Lozano

Los episodios bélicos se caracterizan por incidir en el ecosistema establecido de los diversos territorios. Beligerantes o no, los estados sienten las sacudidas de las guerras en ámbitos tales como la sociedad o la industria. En la primera mitad del siglo XX, la industria española de calzado hizo frente a las dos Guerras Mundiales y a la Guerra Civil. Las consecuencias de estos conflictos en la industria fueron sorprendentes, en especial, en los enclaves zapateros de las comarcas del Vinalopó.

La gran paradoja de la guerra radica en la capacidad que tiene el propio conflicto para destruir y a la vez, para crear. La coyuntura creada por estas situaciones en determinadas industrias constituye un punto de inflexión en la trayectoria productora y en la forma de entender las mismas. Este es el caso de la industria de calzado en España, que con el estallido de la Gran Guerra en Europa empujó su producción.

José Antonio Miranda Encarnación es profesor titular y director de departamento del área de Historia e Instituciones Económicas de la Universidad de Alicante, además de uno de los especialistas que mejor conoce la industria española del calzado. Pese a que esta publicación no ha podido contactar con él, si que ha tenido acceso a varios de los artículos y estudios sobre el tema que firma el experto.

Gracias a ellos se puede determinar cómo era la industria en los momentos previos al estallido de la Primera Guerra Mundial en 1914: “Se había duplicado el número de empresas y multiplicado por cuatro la producción mecanizada. A lo largo de esos años, especialmente en la década de 1890, la producción española de calzado no sólo cubrió la práctica totalidad de la demanda interna, sino que también mantuvo una elevada exportación a los territorios coloniales en las Antillas”, cuenta Miranda en el articulo ‘Calzado y distritos industriales en el Mediterráneo: una visión de largo plazo’, publicado en el número siete de la Colección ‘Mediterráneo e Historia Económica’ de la fundación Cajamar.

Extraido del artículo 'De la tradición artesana a la especializacion industrial. El calzado valenciano, 1850-1930' de Miranda Encarnación

Con una producción en desarrollo, el estallido de la Primera Guerra Mundial “impulsó decisivamente la modernización y el crecimiento de la industria del calzado tanto en España como en Italia. A pesar de la escasez de materiales durante el conflicto, la elevada demanda militar externa para la industria española, propició el incremento de la capacidad productiva y la mecanización”, informa Miranda.

Alicante productora

Si bien la coyuntura fue aprovechada por el conjunto del sector zapatero español, en la zona de la provincia de Alicante en concreto, la industria se vio especialmente favorecida y “se inició un progresivo desplazamiento del centro de gravedad de esta industria desde Barcelona hacia la provincia de Alicante, que ya se había culminado hacia 1930. La producción fue creciendo gracias principalmente al avance de la mecanización, hasta superar los 24 millones de pares anuales en los años de la II República” cuenta Miranda en el mismo artículo.

Los ejemplos prácticos de esta situación se vivieron en los principales enclaves zapateros alicantinos. El Doctor en Geografía e Historia y profesor titular del Departamento de Geografía Humana de la Universidad de Alicante, José Ramón Valero Escandell cuenta cómo la industria de calzado española, y en particular la ciudad de Elda “encontró en la I Guerra Mundial un trampolín privilegiado: el incremento de los precios y la posibilidad de exportación a Europa ante la necesidad de todo tipo de productos que tenían los países beligerantes. Llegaron capitales exteriores y muchos pequeños talleres vieron la posibilidad de convertirse en fábricas medias o grandes, suficientemente mecanizadas para la época”.

Fábrica de calzado Pedro José Giménez o Silvestre Hernández, en Elda. 1892 / CEFIRE Elda

Valero Escandell es coautor del libro ‘Elda, 1832-1980. Industria del calzado y transformación social’. En él, el autor desgrana los episodios más significativos de los periodos bélicos vividos en la conocida como ‘ciudad del zapato’.  Como buen conocedor del comportamiento de la industria en esos momentos, Valero coincide con Miranda y además extiende la consideración de beneficiosos a  los efectos de la Gran Guerra en la ciudad de Elda: “Fue el paso a la madurez de una industria local y endógena nacida en tallericos, que ya en la primera mitad del siglo XIX vendían zapatos rudimentarios en los mercados próximos. La industria eldense supo aprovechar su momento: las grandes fábricas de la época de la dictadura de Primo de Rivera y de la II República eran fruto de los cambios de aquellos años bélicos y pudieron crecer y  afianzar su posición dominante en el mercado español”.

Alcalá Zamora visita fábrica Francisco Ribas en Elda. Enero 1932 / CEFIRE Elda

Al igual que Elda, ciudades de gran importancia zapatera como Elche aprovecharon una coyuntura que les permitió incrementar y consolidar su posición en materia productiva. Miranda Encarnación ilustra con cifras dicho avance en la producción del calzado ilicitano, en el artículo ‘De la tradición artesanal a la especialización industrial. El calzado valenciano, 1850-1930’: “En 1900 la producción ilicitana de calzado de piel era de unos 33.000 pares, y en 1913 ya se estimaba en más de medio millón. La buena coyuntura de la Guerra Mundial elevó esta cifra a 720.000 en 1915 y antes de la Guerra Civil había sobrepasado los dos millones y medio”

Guerra Civil

En este proceso de mecanización y crecimiento se hallaba la industria en las décadas 20 y 30, gracias al impulso de la I Guerra Mundial. “Antes de la Guerra Civil de 1936, la industria española del calzado contaba con 1.500 empresas de producción en serie, más de 40.000 trabajadores y una producción cercana a los 20 millones de pares. Alicante y Baleares eran las provincias con el mayor número de empresas”, cuenta Miranda.

El estallido del conflicto dentro del propio territorio español puso de nuevo a prueba a un sector que se encontraba en plena lucha social con el auge del sindicalismo. No obstante, y aunque la situación fuera distinta, de nuevo la industria supo estar a la altura de un estado de guerra civil.

Recurrente como ejemplo, la ciudad de Elda se perfiló como el paradigma de adaptación de la industria zapatera a la situación de conflicto:“La capacidad de adaptación fue impulsada claramente por la ‘necesidad’ del momento, tanto política, como técnica o de mercado. Lo que sucede es que Elda lo hizo de una manera especialmente singular y, a mi juicio, eficaz” cuenta Valero.

El experto hace referencia a la rápida actuación de los sindicatos, que ante el abandono de algunas de las fábricas por parte de los empresarios consecuencia del estallido de la guerra,  “incautaron las cinco grandes empresas, creando un comité paritario que generó una cooperativa obrera de calzado en Elda y Petrel (COICS)”.

En cuanto a las fábricas mas pequeñas, “se reorganizaron para afrontar la nueva situación creando una estructura supra empresarial, la SICEP, que finalmente acabó absorbida por la COICS.”

Por otro lado, “se creó el Ateneo de Modelistas y Patronistas e incluso la primera Escuela Industrial del Calzado, que no pasó de una fase incipiente. Entre ambos pusieron en marcha la llamada Fábrica Nº 6, que sirvió como espacio de aprendizaje y se especializó en cazadoras y otros productos de piel”

La reorganización de la producción dio sus frutos y los datos hablan por si solos: “en las fabricas organizadas en torno a SICEP los beneficios fueron enormes, solo en 1937  se  consiguió un superavit de  3.121.429 de pesetas”, cuenta Valero en el libro del que es coautor.

Este proceso de conversión propiciado por la nueva situación no fue estático y con el tiempo, el conflicto obligó a la industria a reconvertirse: “algunas industrias de calzado se convirtieron en fábricas de armamento, tanto para garantizar los suministros y el trabajo, como para acoger a técnicos de otros lugares que eran trasladados a poblaciones alejadas del frente de batalla” afirma Valero.

La fructífera experiencia bélica eldense terminó en 1938, cuando “las dificultades acabaron definitivamente con cualquier sensación de normalidad en la industria”, cuenta Valero, “las industrias del calzado, pieles y afines habían disminuido su producción por falta de mercados  y por las dificultades de adquisición de las materias primas para elaborar sus productos ya que éstas llegaban en su mayor parte de Cataluña, que ahora se encontraba aislada. Finalmente, toda la producción del sector terminó siendo intervenida por orden del Gobierno Civil”

Adaptación condicionada

De este modo, la industria zapatera había hecho frente a dos conflictos bélicos, uno nacional y otro internacional, y en ambos supo adaptarse de manera envidiable a una situación tan compleja. No obstante, la posguerra frenó todo proceso de crecimiento. Valero cuenta como en Elda “la producción se orientó al mercado nacional, a un sistema de producción escasamente productivo, a una fabricación con numerosos trabajadores y baja capacidad técnica” y concluye: “Elda cerró en 1936 uno de sus grandes ciclos de desarrollo”.

Pese a ello, la experiencia pone en relieve la gran capacidad de supervivencia del sector. Una supervivencia supeditada a la singularidad del momento, tal y como afirma Valero: “la producción de calzado de entonces era fácilmente adaptable a una producción bélica. Las series eran grandes y el almacenamiento poco problemático porque no estaba supeditado a las modas. La producción zapatera actual de Elda, centrada en calzado de señora ligado a la moda y a unos niveles de calidad bien diferentes a las necesidades militares, no lo tendría tan fácil”.

Leer entrevista completa a José Ramón Valero Escandell

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