El zapato verde

por Irene Giménez Lozano

Modelo Muerdago Albahaca. El Naturalista

Cansada de buscar y no encontrar, Raquel tomó una decisión: abrir su propia zapatería ecológica. Desde el año 2007, Raquel Jiménez de Lucas regenta Ecozap, una tienda situada en el corazón de Madrid en la que se pueden encontrar todo tipo de zapatos con una característica común: todos ellos son ecológicos.

Esta distinción va mucho más allá del mero empleo de procesos de producción respetuosos con el medio ambiente. Estos zapatos cuidan de manera especial la salud del pie: “Todos los productos se han elaborado con  materiales orgánicos que entran en contacto directo con nuestra piel y son más suaves, transpirables, confortables, flexibles, adaptables y duraderos, además de antialérgicos”, cuenta Raquel.

Esta comunión entre la ecología y la salud conduce de manera irrevocable a una concepción de la vida basada en el respeto a la naturaleza y al cuerpo. Es esta una filosofía dual que comprende una nueva forma de entender el calzado. En Ecozap se encuentran presentes un total de ocho firmas distintas de Calzado, una cifra que tan solo constituye una pequeña muestra de la gran cantidad de marcas nacionales e internacionales dedicadas al zapato ecológico o natural.

Materiales como el cáñamo, yute, algodón biológico, látex, caucho, corcho, microfibra biodegradable y hasta rueda de coche reciclada sustituyen a la piel tradicional y dotan de exotismo a un producto específico que cada día se encuentra al alcance de más consumidores.

Una de las firmas ‘verdes’ españolas con más proyección internacional es El Naturalista. Con diez años de vida, la red comercial de la marca riojana abarca más de 50 países repartidos entre Asia, Europa y América.

“Fabricamos zapatos, botas, sandalias, botines y todos los formatos aptos para caminar por la vida confortablemente” cuenta la portavoz de la firma Cecilia Puig. El Naturalista es una de las empresas que puede servir de ejemplo para trazar los rasgos básicos de la industria de calzado ecológico. Una industria basada en la búsqueda de la mayor comodidad posible a través de la imitación de la naturaleza, el respeto hacia la mísma y a los procesos tradicionales de fabricación.

Naturaleza

“En El Naturalista llevamos a cabo la política medioambiental (Eco-Policy). A través de ella nos comprometemos a proteger el planeta. En la práctica esto se traduce en procesos productivos que respeten el medioambiente, la aplicación de sistemas de producción tradicionales y la no utilización de elementos contaminantes. Además, empleamos sustancias biodegradables y reciclables” explica Puig.

Entre esos procesos se encuentran diversos tipos de curtición de la piel. El más extendido entre las marcas de calzado ecológico es el curtido vegetal. Esta práctica emplea elementos de origen vegetal entre los que destaca como el más común el tanino. Los procesos de curtición no tóxicos constituyen uno de los principales emblemas del calzado natural.

En contraposición a esto, el tipo de curtido más extendido en el resto de la industria no calificada como ecológica es aquel en el que se emplea el cromo. La curtición al cromo además de ser la práctica más habitual en el tratamiento del cuero, es una de las más contaminantes. Tal y como se recoge en el Manual de Sensibilización Medioambiental. Linea Empresarial Industrial del Calzado elaborado por el programa OPTIMA, “la industria del calzado pese a no ser un sector especialmente contaminante, si tiene algunos problemas medioambientales, derivados fundamentalmente de los recortes de cuero y la utilización de adhesivos. Los recortes de piel curtida son el residuo más importante que produce la industria del calzado por el gran volumen que representa”.

Estas pieles son en su mayoría, y por eso contaminantes, tratadas con cromo. No obstante la utilización del metal esta permitida. La ingeniera química Anabel Del Rey trabaja en el Instituto Tecnológico de Calzado y Conexas (INESCOP) en su sede en Elda, y explica del siguiente modo las características del metal empleado: “El cromo utilizado para curtir desde hace bastantes años es exclusivamente cromo ‘trivalente’. Para que un residuo tenga la calificación de tóxico o peligroso, se precisaría que el cromo estuviese en su estado ‘hexavalente’, además los residuos que resultan de su uso no son cancerígenos, ni explosivos, inflamables ni corrosivos, por tanto no pueden ser catalogados como residuos tóxicos y peligrosos”.

Ergonomía

Otro de los aspectos distintivos del calzado ecológico es su interés por el bienestar y el confort al caminar. Alejándose de la concepción de fabricación en serie y masiva que caracteriza a la producción de calzado más extendida, el zapato ecológico aboga por la adaptabilidad a la forma natural de cada pie. “Tenemos hormas y plantillas que se ajustan a la forma natural del pie a través del uso de materiales como el corcho reciclado que gracias a sus formas orgánicas se ajustan al pie como si fueran un guante”, explica Puig haciendo referencia a los productos de El Naturalista.

Las plantillas son uno de los elementos claves en la consecución de la comodidad en la calzadura. No obstante, sus efectos positivos van más allá del confort para convertirse en elementos saludables sin llegar a ser ortopédicas. José María Amat Amer reflexiona sobre ello en su obra Calzado artesano y ortopédico (1999): “En muchos casos, la buena disposición de plantillas, mitigan dolores en lugares alejados del pie”.

Moda y bolsillo

Los elementos que componen el calzado ecológico no invitan a imaginar un zapato sujeto a las últimas tendencias de la moda y así lo define Raquel, de Ecozap: “Lo ecológico es por definición atemporal, duradero, es lo contrario de la cultura de usar y tirar, se evita generar más productos y residuos, por lo tanto, debe ser duradero, y no ligarse a modas que pasan sino durar más años.” Una visión menos conservadora tienen desde El Naturalista, que abogan por el diseño inspirado en la naturaleza para marcar tendencia: “Desde el nacimiento de El Naturalista nos hemos diferenciado por compaginar el confort con las tendencias que marca la moda, por esta razón nuestro sello único, de colorido y estilo casual-urbano ha revolucionado el sector de calzado Eco-Fashion. La comodidad no esta reñida con el diseño”

Si bien parece que la escasez de glamour del zapato ecológico no es un obstáculo insalvable, la cuestión económica es otro asunto bien distinto. La gran contradicción del calzado ecológico se encuentra en su precio. Un  par de zapatos en Ecozap cuestan alrededor de 100 euros, según cuenta Raquel. Por su parte El Naturalista es claro en el establecimiento de su público objetivo: “Nuestro target es 25 a 60 años con nivel cultural y económico medio-alto, normalmente profesionales liberales y gente viajera y comprometida con los demás y por consiguiente con el medio ambiente”.

Salvando discrepancias entre lo ecológico y lo económico, lo que si esta claro es que el zapato natural ha llegado a España para quedarse. En materia de concienciación, países como Alemania y Reino Unido “nos llevan 5 ó 10 años de ventaja” cuenta Raquel. Las cifras no engañan y las que maneja El Naturalista son decisivas: el porcentaje de exportación de sus productos es del 90%.  Pese a este retraso en comparación con otros países, desde El Naturalista son optimistas: “Paulatinamente, en España se ha ido tomando conciencia de los problemas medioambiental y social. Tenemos tecnología y buenas materias primas como para seguir produciendo calzado de forma lo más respetuosa con la naturaleza”.

Leer entrevista a Cecilia Puig, portavoz de El Naturalista

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