Objeto de deseo

por Irene Giménez Lozano

Ben O'Bryen

Es un amor a primera vista. No puedes evitar sentirte atraída hacia él, es físicamente perfecto. Es inútil resistirse, tiene que ser tuyo. Sabes que no todo será idílico, que dolerá y te hará sufrir. Pero también sabes que es tu mejor aliado. El zapato de tacón y la mujer, una relación adictiva.

“Los zapatos cómodos infunden respeto, los tacones altos infunden adoración”. La periodista experta en moda y decoración Linda O’Keefe no podría haber acertado más con dicha afirmación. Con una frase sustenta toda la base que constituye la ‘institución’ del zapato de tacón. ‘Adoración’ es lo que muchas mujeres sienten hacia estos complementos de la indumentaria, complementos que además resultan un tanto incómodos y que pueden causar hasta problemas de salud. Pero, ¿Cuál es el origen social, cultural y psicológico de este efecto? Los tacones no han estado ahí desde el principio de los tiempos. Fue en 1533 cuando por primera vez se lucieron los tacones con fines estéticos. Fue Catalina de Médicis quien tuvo la genial idea de calzarlos en su boda con el Duque de Orleans en París, según cuenta O’Keefe en su alegato en pro del calzado femenino ‘Zapatos. Un tributo a las sandalias, botas, zapatillas, zapatos…’. Un libro editado por la Editorial Köenmann.

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Según Freud: el tacón representa el falo, el sexo masculino. ¿Es por ello que la mujer siente tanta adoración hacia él? Parece poco probable, no obstante, y partiendo de esta concepción freudiana del zapato de tacón, del tacón emanan una serie de conceptos como sensualidad, poder, sumisión… Un ‘brainstorming’ de ideas que de nuevo conducen a encontrar la contundente frase de O’Keefe: “los tacones altos infunden adoración”.

Psicología

Aunque el psicoanálisis siempre tendrá su encanto, ha perdido parte de su poder en la sociedad ávida de respuestas y ha dejado paso a otro fenómeno psicológico: los libros de autoayuda. En la autoayuda dirigida a mujeres, eso de la dependencia del hombre (en este caso dependencia del tacón-falo) no esta bien visto, así que la pareja de psicólogos y gurús de la autoayuda Barbara y Allan Pease, dan otro tipo explicación a esta pasión de las mujeres por los tacones en su obra ‘Por qué los hombres no se enteran y las mujeres necesitan más zapatos’, publicado en España por Amat Editorial.

Partiendo de la base de que “todo zapato es el compañero del alma de la mujer”, el zapato de tacón es la debilidad de la mujer por excelencia. Según Barbara y Allan Pease, el tacón ha sufrido una evolución considerable desde la década de los 50 hasta la actualidad. Mientras que en 1950 “se convirtieron en el accesorio de moda del ama de casa perfecta cuyo objetivo era, básicamente, tener un aspecto sexualmente deseable cuando el marido llegara a casa después de trabajar”, en la actualidad su esencia constriñe todo lo contrario: “esta generalmente aceptado que para luchar codo con codo con el hombre en el mundo de los negocios, la mujer debería calzar zapatos que aumentaran su estatura, es decir, necesitaría igualar en altura a sus compañeros masculinos, mas altos por naturaleza. Los tacones de vértigo proporcionan poder, estatus y notoriedad”. Esta explicación es quizá poco aceptable por la mujer independiente y en cierta medida hasta se aproxime a la definición final que da Freud, condicionando irremediablemente todo comportamiento femenino a la relación con el hombre. Pero la pareja de psicólogos da otra explicación mas en la esfera de otro aspecto mas aceptado de la condición femenina: “unos zapatos bonitos alejan la atención de los puntos problemáticos del cuerpo de la mujer… los zapatos nunca llevan a la mujer a pensar que debería adelgazar más y, de hecho, unos buenos zapatos de tacón logran que el peso de la mujer quede repartido en una altura superior a la que en realidad tiene”. He aquí el quid de la cuestión, ya no es como el hombre vea a la mujer, si no como la mujer se vea así misma, y si hacen que se vea estupenda y maravillosa,  un buen par de tacones son el mejor amigo de la mujer.

Tortura

No obstante, el zapato de tacón tiene un lado oscuro. Por muy bonitos que sean, andar con ellos puede convertirse en una auténtica tortura china. Pero más allá de los incómodos juanetes y tobillos resentidos, el uso de tacones puede provocar problemas de salud mas graves: problemas de espalda, artrosis de rodilla y deterioro de las articulaciones.

El zapato de tacón como elemento de tortura ha bastado para que un gran número de mujeres se alcen en contra de él. En los años 70 las feministas más radicales no solo quemaban sus sujetadores si no que se desprendían de sus zapatos de tacón, considerados también símbolo de opresión.  En la actualidad,  muchas mujeres consideran el zapato de tacón como un elemento de desigualdad, ¿si no es cómodo por qué llevarlo?¿por vanidad?

La lucha por la igualdad ha llevado a centrar el esfuerzo de muchos en cambiar elementos cotidianos como son los zapatos de tacón. ‘La cenicienta que no quería comer perdices’ es una revisión del relato infantil que ha revolucionado el mundo del cuento retratando una Cenicienta despojada de prejuicios y deseosa de alcanzar su libertad como mujer. Su creadora, Nunila López declaraba en una entrevista al periodico La Vanguardia: “Para mí los zapatos de tacón simbolizan la carga que tenemos que llevar cada día las mujeres para estar guapas. El sacrificio”

Nueva era

Según los datos recabados por O’Keeffe el 88% de las mujeres compran un número inferior al que deberían usar. De ello se deriva que a la inmensa mayoría de mujeres les da igual les da igual la comodidad. “Las mujeres escogen frivolidad antes que confort” recuerda O’Keeffe. Cruda realidad o exageración, lo cierto es que hay otro mundo dentro de toda esta ‘frivolidad’ y que lucha por un zapato bonito y cómodo. La diseñadora de zapatos Chie Mihara basa sus diseños en la “comodidad” de tal manera que ha desarrollado una plantilla anatómica que se adapta al pie de la mujer. Aunque no tan espectaculares como los stilettos, los zapatos de Mihara contienen altas dosis de elegancia. Esa elegancia que buscan las mujeres cuando van a comprar unos zapatos.

El pasear por las tiendas de marcas como Rebeca Sanver, la propia Mihara o Salvador Sapena en estos días de rebajas es todo un espectáculo para el observador. Ver en primer plano las caras de ilusión, los paseos por la sala, y la búsqueda con incertidumbre del par adecuado. Lo dicho, toda una experiencia para el amante del mundo femenino.

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